jueves, 23 de marzo de 2017

Crónicas de una enferma crónica: migrañas, episodio I



 Ayer veía por enésima vez (y van...) la peli Celda 211. Comienza con la escena del suicidio en esa celda de un preso enfermo que no soporta más sus terribles dolores de cabeza. (Y hasta aquí voy a leer: tranquilos que si aún no la habeis visto no os he destripado nada). En medio de todos los acontecimientos que se sucederán es apenas una escena más, pero para los que como yo sufrimos de dolores de cabeza su tragedia en concreto es brutal: sin tratamiento, encerrado, solo, y con la frase "me duele la puta cabeza" rallada en las paredes de la celda una y otra vez como único alivio posible. En la película el preso padece de un tumor cerebral. Lo mío es infinitamente menos grave, son simples migrañas, pero la idea de cortarme la cabeza como alivio se me ha pasado alguna vez por la imaginación. Vale que me moriría, pero todos los tratamientos tienen efectos secundarios, ya se sabe...

 Estos días estoy de jaqueca, otra forma de llamar a las migrañas. Esta vez de las flojitas: de las que se ven venir, ceden bien ante la medicación y no tocan en exceso los coj... las narices. Pero no siempre es así...A veces el dolor se apacigua solo en parte, a veces la cabeza sí, más o menos pero sí... pero el estómago no hay manera, o viceversa. A veces, afortunadamente las menos, las pastillas no hacen nada, o casi nada. Esas veces, pocas ya digo, la reina de corazones de Alicia en el País de las Maravillas sería mi mejor amiga.

 Si la memoria no me engaña, tendría unos catorce años cuando empecé con mis dolores de cabeza. Mi primer dolor fuerte empezó poco después de ver en la tele "la Matanza de Texas", aunque pudiera ser que mi memoria me engañase, pero así lo recuerdo. Cuatro años más tarde el médico de cabecera me recetó mi primer antimigrañoso ¡y se hizo la luz!  Por el medio hubo visitas a especialistas que no sirvieron para nada, salvo cuando el internista me dió una papilla para acto seguido observar mi estómago por rayos X. A ver...para la migraña no sirvió, pero ver como mi estómago pasaba en segundos de la convencional forma de bota de vino de los dibujos de los libros a la de una lombriz gorda, que no paraba de retorcerse, hizo que los ojos se me saliesen de las órbitas. ¿Cómo es posible que el cuerpo haga "eso" y no notemos nada? Inaudito. Y espectacular. Deberían organizar visitas guiadas para todo el mundo, y probarlo. 

 En aquella ocasión, el buen doc confirmó que todo era aparentemente normal, aunque "podría" haber movimientos irregulares y me recetó algo como ansiolíticos, no recuerdo bien... Fue alguna de las tonterías que tomé antes de dar con lo que realmente me pasaba.

 Porque vereis, la cuestión es que yo iba a los médicos acompañada de mi madre como es lógico, era pequeña. Y mi madre iba con el diagnóstico puesto de casa, como es lógico también (en una madre ...) En mi caso estaba claro: niña intratable con un carácter del demonio a la que le duele la cabeza y a menudo vomita, pues ¡qué va a ser! ¡¡nervios!! ...con "ese" carácter...y que vomita por lo mismo, de puros "nervios". O que es delicada del estómago y algo le sentó mal, esto también, que ¡a saber lo que comía yo por ahí! 

 Que los dolores de cabeza fueran una constante en la familia tampoco ayudaba al diagnóstico, curiosamente. Todo lo contrario, se asimilaba como algo normal. Ya mi abuela, la madre de mi madre, tenía días en los que no se la podía ni tocar del dolor, según contaba mi madre. En nuestra casa había siempre aspirinas y optalidones. ¿Qué fue de ellos, me pregunto?? Busco en guguel y veo que el optalidón ¡era una droga dura!...Aaaay madre, ¡pero si había hasta en casa de mis abuelos!

 En fin Serafín, andando el tiempo el periódico al que estaban suscritos mis padres regaló un coleccionable sobre salud, "de la A a la Z". En el tomo C, abriendo el capítulo dedicado a las cefaleas, aparecían dos ilustraciones en las que me vi absolutamente reflejada. Una representaba un rostro de mujer apretándose con la mano una sien de la que salían rayos a modo de dolor intenso, y por el que rodaba una lágrima. El segundo dibujo era esa misma mujer inclinada sobre un wáter, vomitando. Me quedé perpleja porque esa mujer era yo. Clavaíta. Eso era lo que me pasaba a mi. El palabro de la cefalea en cuestión, "migraña", no lo había oído en mi vida pero leí el artículo y descubrí que lo mío era una migraña de libro: el dolor en un lado de la cabeza, el dolor de estómago, los vómitos, la fotofobia, la hipersensibilidad al ruido, las lágrimas, el cansancio, la rigidez cervical, la clarísima vinculación al ciclo hormonal... Con mis dieciocho recién estrenados pedí cita al médico de cabecera y allá me fuí, sin mi madre esta vez. Sin mi madre... pero con el diagnóstico puesto de casa, ¡faltaría! Sólo que en esa ocasión y sin que siente precedente, era el acertado. 



 Salí de allí con la receta de mi primer antimigrañoso, que resultó ser eficaz, ¡¡aleluya!! Cuando supe además que lo mío efectívamente tenía fama de ser doloroso encontré cierto alivio, como que ser migrañoso tiene un reconocimiento social : sufro migrañas-pausa dramática-pero estoy bien, de verdad. Al ponerle nombre, pasabas de ser la del "¿pero otra vez te duele la cabeza?" a ser la que soporta heroicamente un dolor reconocido como intenso por la sociedad. Parece una chorrada, pero no lo es en absoluto. No hay nada peor que no tener un diagnóstico. Y al contrario, tenerlo no cura, como en mi caso, pero alivia un rato largo. Sé lo que me pasa. Sé que, por puñetera que sea, la migraña no es grave, como intentaba explicar a la atemorizada taxista que me llevó volando la última vez que tuve que acudir a urgencias, al poco de llegar a Asturias. Ver a una adulta de casi metro ochenta doblada sobre si misma y empapada en sudor mientras potea hasta la primera papilla es para flipar, por mucho que la susodicha repita que no pasa nada grave, que es una jaqueca. ¡Jaqueca ja!, debió pensar la pobre taxista, más blanca que yo. Y eso que no manché el taxi palabrita, que me veía venir el percal y llevaba una providencial bolsa de plástico. Me costó que no me acompañase adentro, se marchó la mujer preocupada. A propósito, muy bien las urgencias del hospital de Oviedo, el HUCA. Fenomenal las doctoras y las enfermeras (eran todas mujeres) y los pacientes también, pues una gitana al verme solita y en ese plan me apretó la mano y estuvo conmigo, "probitina" "¿vienes solina? ¡ay probitina!" repetía y la verdad, en aquel momento se lo agradecí en el alma. Pero como digo, por más que duela y por más espectáculo que se dé con el tema de los vómitos la migraña no es grave. Puñetera sí, un rato largo, pero no grave. 

 Incluso tiene sus cosas positivas, lo prometo, que contaré en otros post. Pero no compensa en absoluto. Ojalá se fuera para siempre, ojalá heredase otras cosas de mis ancestros (pisos, dinero en Suiza...) Y sobre todo y por encima de todo: ojalá mis niños queridos se libren. Ojalá ellos no sean migrañosos. Son varones, eso en principio ya es bueno porque les quita boletos para esta lotería genética chunga. Rezo por dejarles otra herencia, el dinero en Suiza estaría bien, ya digo. Marcas que colaboran con bloggers, agencias de publicidad, cazatalentos varios, ahí lo dejo...

 Continuará...

sábado, 18 de marzo de 2017

En el parque


 Mañanita de sábado. Por obra y gracia del exceso de mocos y toses que pulularon por Estacasa son las ocho y aún duermen los nenes, cansados tras varias noches "reguleras". Lo cierto es que los microbios aún pululan, convidados por el padre de las criaturas esta vez pero él, pobre, poco cuenta. Abro un ojo incrédula ante lo que observo y me convenzo de que sí, que efectívamente...¡no se oye nada!. Y cierro el ojo rápido, no sea que se me escuche pestañear y la cague. Al rato la curiosidad me puede y vuelvo a abrirlo: hay luz a raudales colándose por todos lados y sin embargo el silencio sigue ahí, ¡es mágico!. Estoy por levantarme, mosqueada ya con tanta tranquilidad, pero entonces escucho abrir puertas y las pisadas de mis trotones, y mis ganas de levantarme se desvanecen con la misma velocidad a la que llegaron. Rezo para que el papá se haga cargo y efectívamente, se levanta él; debía estar tan mosqueado como yo con tanta paz raruna en Estacasa. Se van para "dejarme dormir" y ahí me quedo bajo el edredón, disfrutando como si hiciese algo delictivo o pecaminoso. Las cabezas maternas, que están fatal.

jueves, 16 de marzo de 2017

¡Volando voooy!... ¡volando vengo!

pssst...¡aficionados!

 Si con algo no contaba por el hecho de ser madre era con las carreras que me iba a pegar. Y no me refiero a perseguir a los peques, eso sí lo veía venir. Hablo de correr en general:  al médico, a la guarde/cole, al trabajo, a casa, aaaa... todo. Siempre corriendo. Siempre sudando. Siempre tarde.

jueves, 9 de marzo de 2017

Colaborando, que es gerundio



  Como seguramente sabeis ya, el propósito último (y a veces el primero) de todo blogger que se precie es forrarse gracias a su criatura y vivir del cuento. Digo de rentas. O sí, digo bien del cuento, de contar cosas en definitiva, que es de lo que va esto. Soñamos con pegar el pelotazo padre, escribir, y retirarnos. Soñamos, insisto, que es gratis, es divertido y no hacemos mal a nadie. Y además es la salsa de la vida. Me pasma la cantidad de veces que leo obviedades del tipo "persigue tus sueños..." ¿Es que alguien necesita que se lo digan? Pero me voy por los cerros de Ubeda...

jueves, 2 de marzo de 2017

Carnaval, carnaval





 Carnavaaaal, te quierooo...

 Pues no. Lo cierto es que no. No soy nada carnavalera. Ni por tradición familiar, ni social, ni por iniciativa propia. Lo de disfrazarme no es para mi. Si se me reconoce me da una vergüenza terrible, y si no el disfraz me asfixia y me da calorón. Por no hablar de la pesadez de romperse la cabeza para ver cómo disfrazarse sin gastarse pasta...esto cuando era joven. Ahora que ando algo mejor de pecunio lo que no tengo es tiempo...ni ganas.

viernes, 24 de febrero de 2017

Los hijos son como esponjas

  
 
El infumable de Bob, metiéndole prisa a su madre.

  
 Moreno, tres años y medio, caminito de su clase a la que acude con alegría y ansia porque clase-clase lo que se dice claseeee...no es. Es un ocio activo. El bus nos dejó temprano, y camino despacio empujando el carrito con el Rubio medio sopa en él haciendo tiempo mientras el Moreno, a carreras delante de nosotros, se desespera. Se para bastante más adelante con gesto de fastidio y de pronto alza los brazos y me grita - "¡Mamá! ¡Estoy esperando!"

¿Queé??

Y por si quedaban dudas, añade: -"¡Espabila!"

...Juro no volver a meterles prisa para ir a ningún sitio. 

domingo, 19 de febrero de 2017

Una tarde en el Acuario de Gijón







 ¿Qué hacer con los niños en Gijón?: pues casi siempre ir al parque de Isabel la Católica. Un peazo de parque. Muuuy grande, con muuuchos "columpos" en su más amplio sentido, con tirolina, camas elásticas y conjuntos para trepar y delizarse de todos los tamaños y colores. Pero además posee un mini zoo de aves donde ver perdices de Guinea, lo que yo creo que son ñandúes (hay letreros identificando a todas las especies, pero con el par de dos suelto no puedo pararme a leerlos) y por supuesto, pavos reales. Entre muchísimas aves más.


sábado, 18 de febrero de 2017

Rubio mon amour





 Viernes después de comer, con mi Rubito en una cafetería esperando a la hora de salida del mayor, él con un zumo de naranja y yo con un café que tras el cansancio acumulado de la semana me sabía a gloria y me sentaba de maravilla (...y los dos donuts con los que lo acompañaba, también). Con la presión de comer donuts más rápido que mi niño de dos años (esto me lo tengo que mirar, sí), la cafeína rodando por mis venas y el fin de semana por delante me sentía absurdamente animada. Y digo bien, absurdamente, porque el papá trabaja casi todos los findes con lo que mi descanso barra ocio de finde se reduce a...cero, directamente. Pero son muchos años asociando fines de semana a ocio y descanso y así sigo, ¡pidiendo imposibles! No importa, el caso es que estaba animada.

miércoles, 8 de febrero de 2017

¡Gracias!






"Aaagradecidaaa...
         y emocionadaaaa... "

 Iba a titular así esta entrada pero ayer, leyendo el blog de la sin par "La Quiles", flamante finalista a los premios Madresfera en mi misma categoría, veo que también lo utilizó ella y oye, entonces yo no, que parece que soy una "copias" y no. Lo mío es todo cocinado en casa, nada de catering.

lunes, 6 de febrero de 2017

Curiosidades del Mundo Blogger II: el ataque de los clones


Fotaza de lanzamiento de cohete en cabo Cañaveral, que hoy estoy muy galáctica


 Siguiendo con las entradas dedicadas al blogging, tras muchos meses y avatares varios ocurridos desde que escribí la primera de ellas toca recapitular y ver cómo se va desarrollando mi querido blog.

domingo, 5 de febrero de 2017

¡No me toques los ... dibujos de mi infancia!






 Asisto atónita a los prolegómenos del apocalipsis, el fin del mundo se avecina sin duda, armaggedón nos acecha, todo se desmorona a mi alrededor. Ya no hay valores, no hay respeto por la cultura ancestral, por la sabiduría transmitida de generación en generación, los niños crecen sin límites, campando a sus anchas deslenguados, sin respeto por sus mayores. Las niñas cada vez son más machistas y más débiles, pisando la lucha del feminismo que las precedió por unas lolas nuevas para molar más en instagram. La experiencia en los trabajos no solo no se valora sino que se considera un lastre, y un gasto. Todo se fabrica cada vez de peor calidad. Los alimentos apenas tienen nutrientes y en poco tiempo acabaremos comiendo como los astronautas y los tomates serán como ahora los percebes. Estoy convencida. La civilización se autodestruye, el mundo camina hacia su fin. ¿Que por qué lo pienso?. ¿Por qué estoy convencida de ello?? ...

sábado, 4 de febrero de 2017

El lado oscuro de la maternidad






 No soy de titulares, de preguntas de sí o no o de elecciones categóricas; lo mío es enrrollarme, matizar, analizar en profundidad las cosas (o intentarlo), con lo que en el 90% de los casos el posible blanco o negro se transforma en la conocida gama de grises. Si me preguntan: ¿qué es lo mejor de ser madre?, soltaría un inacabable discurso sobre todo tipo de emociones, del amor sin mesura, del instinto de protección, del arrobo total por los hijos etc.etc. exponiendo mil y una pequeñas felicidades (ayyyyyyns) y siendo totalmente incapaz de concretar. Sin embargo, si me hacen la pregunta opuesta: ¿qué es lo peor de la maternidad?, sorprendentemente lo tengo muy claro. Para mi, lo peor de la maternidad es el aislamiento.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Cuatro meses en Asturias



  Hace tiempo que me ronda por la cabeza escribir sobre mi nuevo terruño y sobre mis primos hermanos (gallegos y asturianos, ya sabeis... Y si no sabeis acabo de encontrar un interesantísimo hilo al respecto en Forocoches que lo explica divinamente...o lo intenta. Yo es que soy muy de documentarme). 

domingo, 29 de enero de 2017

Limpiar la casa es un castigo del inframundo




 En Estacasa estamos todo el día barriendo migas, siempre migas: de pan, de tostadas, de galleta...siempre, por todos lados. Paramos porque nos aburrimos, o porque hay que ir a trabajar, o porque tenemos una vida... pero no porque acabemos de barrerlas. Siempre hay migas, cuando acabas con las del dormitorio te las encuentras en el baño, cuando barres las del baño aparecen en el sofá, de las sueltas que salen facilitas y de las aplastadas que ni enchufándolas con el aspirador al máximo. Siempre migas, forever and ever, everywhere...

domingo, 22 de enero de 2017

Cachito, cachito, cachito mío...





 Pedazo de cielo que la ciencia me dió...

 La cosa es que andaba yo de migraña, con el puñetero martillo pilón en la sien derecha y unas naúseas importantes que no acababan de ceder ante la medicación. Mi santo salía a trabajar y los nenes quedaban al cuidado de la tele mientras yo me hacía un ovillo en la cama apretando mi sien palpitante contra la almohada en busca de un inexistente alivio, y cargándome de autocompasión como hago siempre que estoy de jaqueca, diría que quejarme mucho es parte de la analgesia.

 Total que mi Moreno se presenta y al verme de día metida en cama y con las persianas bajadas, saca sus propias conclusiones y actúa en consecuencia: -"¡mamá! ¡a momí!"- me espeta mientras me arropa y se enfada -"¡hummm!, ¡a momí mamá!, que e de nosche"- imitándome en todo lo que hago con ellos cuando los acuesto. Finalmente, cogiendo mi cara con sus manitas sonríe y me dice bajito-"¿quiénquiero yo?"- y me planta un beso, cierra la puerta despacito y se va.

 Morí de amor lo juro, y el papá, pobre... de pelusa.